jueves, 25 de junio de 2009

El quehacer literario

"Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que sólo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar claqué y hacer dibujos. Entonces, un día comencé a escribir sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse" (Truman Capote).

"Sólo escribo bien en un lugar que sea mío, con libros al alcance de la mano, como si siempre tuviera necesidad de consultar no se sabe bien qué. A lo mejor no es por los libros en sí sino por una especie de espacio interior que los libros forman, como si me identificara a mí mismo con una ideal biblioteca propia" (Italo Calvino).

"Un escritor lo es siempre por elección. Nadie le obliga a ello, decide voluntariamente, opta por un tipo de vida arriesgada en la que puede fracasar o triunfar, en la que nada le está garantizado, ni siquiera la publicación de sus textos, menos que nada su talento, o la perduración de éste. A cambio no tiene patrón ni horarios, o sólo los que se impone, y nadie le dice lo que debe escribir (o él no debería escucharlo). No es un trabajador por cuenta ajena y por tanto no debe aspirar a nada semejante a un empleo seguro, ni a pensiones (porque nadie lo jubila de su actividad), ni a seguridades sociales" (Javier Marías).

"El mejor taller literario está en la propia literatura. No hay mejor profesor de taller literario que Galdós, Stendhal, Proust, Dostoievski, Joseph Conrad, Scott Fizgerald. Lo demás son milongas" (Arturo Pérez-Reverte).

"Ocho horas al día, siete días a la semana, 365 días al año; éste es el único método que conozco para escribir" (Philip Roth).

"No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí. La tarea del escritor sería la de entrever los valores eternos que están implicados en el drama social y político de su tiempo y lugar" (Ernesto Sábato).

jueves, 11 de junio de 2009

Lo insólito y lo cotidiano, Pere Calders

“Insisto, en términos generales, en una posición siempre presente en mis cuentos: el reflejo de la vida cotidiana, corriente, incluso vulgar, que repetidamente se ve alterada por un acontecimiento insólito que los personajes aceptan sin aspavientos, con un fatalismo que es, precisamente, el factor de contraste.
>>Lo que cuenta es la reacción que provocan unas situaciones excepcionales en unos personajes “normales”.

Pere Calders