miércoles, 16 de enero de 2008

Empezar es ya la mitad del camino

Que "empezar es ya la mitad del camino" se lo recordaba Don Quijote a Sancho al comienzo de sus andaduras.
No hay verdad que mejor se aplique a un relato. De un comienzo memorable dependerá en gran medida el posterior éxito de nuestro texto.
Bien lo sabían los autores de las siguientes novelas (¿adivináis quiénes fueron?), que así las comenzaron:

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor." El Quijote, de Miguel de Cervantes.

«Al despertar Gregorio Samsa una mañana tras un sueño intranquilo, encontrose en su cama convertido en un monstruoso insecto." La metamorfosis, de Franz Kafka.
"Hoy ha muerto mamá, o quizás ayer. No lo sé." El extranjero, de Albert Camus.

"Todas las familias felices se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera." Anna Karenina, de Lev Tolstoi.

"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Las aventuras del Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte.
"Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación." Historia de Dos Ciudades, Charles Dickens.


"¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad habría agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos." El corazón delator, Edgar Allan Poe.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo." Cien años de soledad, Gabriel García Marquez.

"En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales." El perfume: historia de un asesino, de Patrick Süskind.

"Anoche soñé que volvía a Manderley, me encontraba ante la verja pero no podía entrar, porque el camino estaba cerrado." Rebeca, Daphe Du Maurier.

Todos estos comienzos incitan a leer, plantean muchos interrogantes acerca del contenido, de lo que vendrá después. Imitémoslos.

Si os ha quedado la curiosidad por saber a qué novelas pertenecen y sus autores, seleccionad el post entero y lo descubriréis. :-))

lunes, 14 de enero de 2008

¿Se puede hablar de buenas y malas novelas?

A esta pregunta nos responde Daniel Pennac en su magnífico ensayo: Como una novela.

"Digamos que existe lo que llamaré una “literatura industrial” que se contenta con reproducir hasta la saciedad los mismos tipos de relatos, despacha estereotipos a granel, comercia con buenos sentimientos y sensaciones fuertes, se lanza sobre todos los pretextos ofrecidos por la actualidad para parir una ficción de circunstancias, se entrega a “estudios de mercado” para vender, según la “coyuntura”, tal o cual tipo de “producto” que se supone excita a tal o cual
categoría de lectores.

Sin lugar a dudas, malas novelas.

¿Por qué? Porque no dependen de la creación, sino de la reproducción de “formas” preestablecidas, porque son una empresa de simplificación (es decir, de mentira), cuando la novela es arte de la verdad (es decir, de complejidad), porque al apelar a nuestro automatismo adormecen nuestra curiosidad y, finalmente, y sobre todo, porque el autor no se encuentra en ellas, así como tampoco la realidad que pretenden describirnos.

En suma, una literatura del “prêt a disfrutar”, hecha en moldes y que querría meternos en un molde.

No creamos que estas idioteces son un fenómeno reciente, vinculado a la industrialización del libro. En absoluto. La explotación de lo sensacional, de la obrita ingeniosa, del estremecimiento fácil en una frase sin autor no es cosa de ayer. Por citar únicamente dos ejemplos, tanto las novelas de caballerías como, mucho tiempo después, el romanticismo se empantanaron ahí. Y como no hay mal que por bien no venga, la reacción a esta literatura desviada nos dio dos de
las más hermosas novelas del mundo: El Quijote y Madame Bovary.

Así pues, hay “buenas” y “malas” novelas. "

jueves, 10 de enero de 2008

Posibles errores a revisar en los relatos

Muchas veces nos habremos preguntado por qué nuestro texto no funciona, por qué no engancha, por qué no seduce.

Si revisamos nuestro relato con esta lista de de errores en la mano quizá encontremos una (o más) respuestas, que nos permitirán corregirlo.

- Los lugares comunes y las frases hechas, despersonalizan al autor y delatan o bien falta de estilo o bien de esfuerzo. Ej. empleo de frases que, sin llegar a ser "frases hechas", sí parecen hallarse demasiado transitadas; por ejemplo: "miles y miles de veces", "me llegó a lo más profundo del corazón", "como un poseso", etc.

- Los finales sobrantes. Esa especie de guinda innecesaria que parece decirnos "ojo, que he querido decir esto"

- El desequilibrio en el ritmo, la sensación de que se abunda en lo accesorio para luego acelerarse, precipitarse en lo importante.

- El abuso de la adjetivación que ralentiza y que tal vez procede de la pretensión de estar haciendo una "gran literatura"

- El descuido en la precisión de la palabra elegida.

- La obsesión por la traca final.

- La mala utilización de la elipsis y el dar por entendido lo que no se ha explicado o sugerido producen extravíos en el lector.

- La inverosimilitud. A veces por querer ser muy imaginativo se piensa que vale todo, y no es así, es necesario hacer creíble lo increíble o la trama no se sustentará.

- Descuidar la importancia de la puntuación, olvidar que la lectura que hagan de nuestro cuento, sus pausas e inflexiones, son una representación, una partitura cuyos espacios de silencio queremos que se respeten. Dar a alguien nuestro texto para que nos lo lea en alto.

- Un principio de cuento que no seduce, que no retiene, que no interesa. Crear expectativa es fundamental, pues la lectura de un cuento nunca es obligatoria, a no ser en el colegio.

- La falta de circularidad en el cuento. Hay principios de relato que no tienen sentido, podríamos amputarlos y nada se perdería, ni en cuanto a la interpretación del texto ni en cuanto a la comprensión del mismo. A un buen cuento no le puede sobrar ni una sola palabra.

- En general, se nota cuándo un texto está poco trabajado y que no se ha repasado.

Pues, ánimo y suerte con la corrección posterior.

viernes, 4 de enero de 2008

El torbellino de ideas explicado por Daniel Cassany

Una de las formas de obtener inspiración y elementos para desarrollar el relato es el torbellino de ideas. Estos son los consejos que Daniel Cassany, en su estupendo libro La cocina de la escritura, nos da:

CONSEJOS PARA EL TORBELLINO DE IDEAS

* Apúntalo todo, incluso lo que parezca obvio, absurdo o ridículo. ¡No prescindas de nada! Cuantas más ideas tengas, más rico será el texto. Puede que más adelante puedas aprovechar una idea aparentemente pobre o loca.

*No valores las ideas ahora. Después podrás recortar lo que no te guste. Concentra toda tu energía en el proceso creativo de buscar ideas.

*Apunta palabras sueltas y frases para recordar la idea. No pierdas tiempo escribiendo oraciones completas y detalladas. Tienes que apuntar con rapidez para poder seguir el pensamiento. Ahora el papel es sólo la prolongación de tu mente.

*No te preocupes por la gramática, la caligrafía o la presentación. Nadie más que tú leerá este papel. Da lo mismo que se te escapen faltas, manchas o líneas torcidas.

*Juega con el espacio del papel. Traza flechas, círculos, líneas, dibujos. Marca gráficamente las ideas. Agrúpalas. Dibújalas.

*Cuando no se te ocurran más ideas, relee lo que has escrito.

Para mí, lo interesante de este método es que te permite hacer un desarrollo asociativo, y eso proporciona un amplio abanico de palabras y un buen número de caminos a seguir para desarrollar el relato o para jugar con las diferentes posibilidades que se abren.

La búsqueda de asociaciones también se puede conseguir con un buen diccionario ideológico. Recomiendo El diccionario ideológico de la lengua española, de Julio Casares.