lunes, 14 de enero de 2008

¿Se puede hablar de buenas y malas novelas?

A esta pregunta nos responde Daniel Pennac en su magnífico ensayo: Como una novela.

"Digamos que existe lo que llamaré una “literatura industrial” que se contenta con reproducir hasta la saciedad los mismos tipos de relatos, despacha estereotipos a granel, comercia con buenos sentimientos y sensaciones fuertes, se lanza sobre todos los pretextos ofrecidos por la actualidad para parir una ficción de circunstancias, se entrega a “estudios de mercado” para vender, según la “coyuntura”, tal o cual tipo de “producto” que se supone excita a tal o cual
categoría de lectores.

Sin lugar a dudas, malas novelas.

¿Por qué? Porque no dependen de la creación, sino de la reproducción de “formas” preestablecidas, porque son una empresa de simplificación (es decir, de mentira), cuando la novela es arte de la verdad (es decir, de complejidad), porque al apelar a nuestro automatismo adormecen nuestra curiosidad y, finalmente, y sobre todo, porque el autor no se encuentra en ellas, así como tampoco la realidad que pretenden describirnos.

En suma, una literatura del “prêt a disfrutar”, hecha en moldes y que querría meternos en un molde.

No creamos que estas idioteces son un fenómeno reciente, vinculado a la industrialización del libro. En absoluto. La explotación de lo sensacional, de la obrita ingeniosa, del estremecimiento fácil en una frase sin autor no es cosa de ayer. Por citar únicamente dos ejemplos, tanto las novelas de caballerías como, mucho tiempo después, el romanticismo se empantanaron ahí. Y como no hay mal que por bien no venga, la reacción a esta literatura desviada nos dio dos de
las más hermosas novelas del mundo: El Quijote y Madame Bovary.

Así pues, hay “buenas” y “malas” novelas. "

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece una descripción y análisis muy precisos. La industrialización de la novela sigue el mismo patrón que la del cine, por ejemplo. Y creo que al final, más que influencia, puede que se copien unos a otros.

Sin embargo, la gente que escribe novelas "como moldes", ¿no será que va dirigida a gente que le gusta consumir esos mismos patrones? ¿o es el escritor quien es incapaz de aportar nada de su persona en el propio relato?